La Iglesia de San Víctor de Seurí, como otros del Pirineo, es un exponente de la sensibilidad artística a través de los siglos. Ha sido un referente para sus habitantes y guarda algunos de los mejores recuerdos y vivencias de la comunidad.

El reto ha sido hacer posible que una pequeña iglesia de montaña, a través de la intervención pictórica del artista Santi Moix, nos haga disfrutar de una belleza que desvele nuestra vertiente sensible.

La naturaleza, el paisaje, los animales, el ruido del río, las noches estrelladas, las nubes, las tormentas de verano, el reflejo de la luz blanca en los losados, el chorrito de agua que no para, las tortillas… De la mano del arte, la fuerza que existe en el exterior entra y transforma el interior del templo.

El artista ha sido capaz de captar los colores del entorno, plasmándolos en su creación, haciendo de este espacio un lugar privilegiado para la admiración y la contemplación, donde parece que la materia haya desaparecido y únicamente quede la armonía, el color, la luz y el misterio.

La iglesia es un lugar de recogimiento y celebraciones litúrgicas, el arte de su interior nos eleva hacia lo trascendente, hacia la belleza infinita.

¿Quién es Santi Moix?

Santi Moix nace en Barcelona en 1960 y ha pasado en Seurí los veranos de su infancia. A los 26 años viaja a Nueva York, donde acaba instalándose. Es un creador polifacético, que ha trabajado en numerosas disciplinas: escultura, dibujo, puntura… Su obra es atrevida, enigmática, a veces inquietante. Navega entre la abstracción y la figuración, desempeñando un papel relevante la naturaleza y la relación del hombre con esta.

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